Clásicos en Pantalla Grande

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CLÁSICOS EN PANTALLA GRANDE: MARTIN SCORSESE

El cine para Scorsese es como la religión: es una oportunidad para compartir una experiencia espiritual colectiva. La pasión que el cineasta siente por el cine se ve reflejada en su filmografía con obras que sacuden con violencia poética al espectador, despertando las emociones más contradictorias: nos hace enojar con los mafiosos en Buenos muchachos, pero también nos seduce con su estilo de vida; nos hace sentir pena por psicópatas sanguinarios como Travis Bickle; y nos hace testigos silenciosos del sufrimiento de hombres de fe para los que su Dios parece volverse contra ellos.

El italoamericano no sólo ha demostrado su devoción detrás de la cámara, también ha profesado una cinefilia apasionada que ha volcado en proyectos como Un recorrido personal por el cine norteamericano o The Film Foundation, la organización que fundó para la preservación y restauración del patrimonio cinematográfico mundial. Y cómo olvidar esa carta de amor dedicada a Georges Méliès en uno de sus filmes más atípicos, La invención de Hugo.

La obra de Scorsese es inseparable de los rostros de De Niro, Pesci, Keitel y DiCaprio; de colaboradores como los escritores Paul Schrader y Jay Cocks, los cinefotógrafos Michael Ballhaus y Robert Richardson; y, por su puesto, de Thelma Schoonmaker, su editora de cabecera.

Los Clásicos en Pantalla Grande se complace en presentar una retrospectiva del cineasta italoamericano con 27 de sus títulos más emblemáticos. El recorrido por su filmografía es una oportunidad para constatar las palabras que Guillermo del Toro escribió a propósito del estreno de El irlandés: «Se necesita sabiduría en el cine en estos días. Puedes encontrar energía, espectáculo o actitud en abundancia. ¿Pero la sabiduría? Eso es más difícil de encontrar. Y raro es el cineasta cuya habilidad, experiencia y conexión con el presente pueden canalizarlo. Mirando hacia atrás, uno puede invocar a Renoir, Bresson, Bergman, Oliveira o Kurosawa, pero la lista se vuelve escasa cuando se llega al cine estadounidense actual, posiblemente porque en  su cultura obsesionada por la juventud, parece eliminar gradualmente al sabio a favor del rebelde. Martin Scorsese es ambos».